Entran en un bar un chino, un narigón y un manco…y vos ya te estás riendo porque te imaginás la que se viene. Pero este mismo chiste no se lo puedo contar a mis amigos y familiares yanquis, porque el humor argentino lo entienden solo los argentinos.
No me olvido cuando se dio el escándalo de Copa América: la selección argentina festejaba, entre otras cosas se los enganchó con un cántico, vamos a decir, muy “políticamente incorrecto” contra Francia. No, no voy a analizar lo que decían, para esto está Ari.
¿Cómo algo puede ser tan inaceptable en un contexto, y tan entendido en otro?
¿Cómo puede ser que me río de vos, te “gasto,” destaco tu defecto más grande...siendo vos mi mejor amigo?
Y lo es mejor, ¡lo hago porque sos mi mejor amigo y te quiero!
El sentido de humor acá es fuerte (iba a decir negro pero mi educación yanqui me lo impide), es totalmente irrespetuoso…y choca, sobre todo afuera.
Una vez, en Nueva York, un colega argentino me dijo de hacerle una broma a otro músico. No digo su origen porque sería obvio, solo que no era argentino y no hacía mucho que estaba rodeado de ustedes.
Todos tocábamos tango, todos eramos amigos. El argentino me dice “Dale, Adam, los tangueros viejos hacían estas cosas…Piazzolla era famoso por las bromas pesadas que hacía a los de su grupo”. Y nos mandamos con la clásica: decir de tocar un tema pero en realidad arrancar a tocar otro…en vivo, en el escenario. El objeto de la joda se ofendió tanto que hubo que hacer todo tipo de gesto durante una semana para que nos volviera a hablar.


No me voy a olvidar el día que Sol, mi mujer, mandó a un grupo de WhatsApp familiar (mi familia, la yanqui, la seria, la que se escandaliza) un sticker medio picante que hacía burla de los nombres no occidentales… Lo mismo: primero silencio, después un mail hablando de la sensibilidad a otras culturas, después los perdones.
Como yanqui, no solo lo entendí, ¡lo vi venir! Como residente argentino de tantos años, también lo pude ver con otros ojos: El humor picante se usa no para denigrar, sino para jugar. Cuando gastás a tu amigo, es porque lo querés.
Pero recién hace poco terminé de entender el alma del humor argentino.
Estábamos mirando un programa de streaming, de estos que están muy de moda, y donde personas -diría humoristas pero no todos lo eran- se sientan a boludear durante un par de horas (y te matás de risa). Un día se estaban “dando” todos a todos, y muy pesado. Yo horrorizado pero Sol vio algo diferente: se había armado una especie de “lugar seguro” para el humor pesado.
Si vos escuchabas el contenido, parecía ser de lo más retrógrado: sexista, homofóbico, clasista, lo que quieras. Pero ¿qué pasaba? Era un grupo de amigos que se querían un montón. Cada chiste había sido fabricado especialmente para el amigo, destacando alguna característica.
¡Eran mimos los chistes! Eran decirle al otro “te conozco, te reconozco y acepto”.
Semajante maniobra solamente se puede ejecutar con muchísima inteligencia, confianza, y amor.
¡Qué país!
Los quiero (boludos), cada vez más.
Ah, ¿les dije que probé me primer locro? A ver, vengan los chistes de a uno.
Y para que me sigas conociendo, acá van unas canciones que me trajeron (y me siguen trayendo) a Buenos Aires:
Plural - Fernando Otero (con Adam Tully)
Tuve el gran placer de participar del nuevo álbum de Fernando Otero. Grabamos este y otro tango de Fernando, Genes. La música de él es tan particular, tan suya y al mismo tiempo tan Buenos Aires.
Pericón Nacional - César Bó
El 25 de mayo, además de comer locro me hice un playlist. Obviamente tenía que estar el Pericón. Me encanta esta versión.
Virgencita de Pompeya - Carlos Acuña
Como buen Gardeliano me gusta encontrar versiones posteriores de cantores que admiraban al Zorzal y de alguna manera intentaban recrear su espíritu. No conocía las grabaciones de Carlos Acuña con guitarras hasta hace muy poco; son excelentes.



Gracias por el dato de Carlos Acuña