Verano del 2016. Estaba en Buenos Aires de visita, escapando del frio neoyorquino y siendo docente en Tango para Músicos. Me crucé con un guitarrista, joven él, con un aparato muy interesante: un soporte de guitarra.
Hoy hay miles de estos, con distintos sistemas: sopapa, cuero, tiras, varillas y todo tipo de magia que sirve para levantar la guitarra a una posición más cómoda para tocar.
Romper el hielo entre guitarristas es muy fácil y más si sos nerd como yo. Cuando vi el de este chico, Juan, necesité preguntarle donde lo había comprado. Claro, porque para mí se compraban. Y cuando me respondió “lo hice yo”, no lo podía creer.
En este momento yo no “hacía” nada que no tuviese que ver con tocar y componer. A lo sumo cambiar las cuerdas, para todo lo demás estaba el luthier, así como estaba el plomero, el electricista o Amazon.
Pero al poco tiempo me mudé a Buenos Aires y la canción de MacGyver empezó a sonar en mi cabeza cada vez que abría los ojos.
Ya no era tan fácil resolver todo con un par de clicks. En casa había infinidad de cosas para “atar con alambre,” y en mi mujer tenía a una “hacedora” de primer nivel. Periodista (con diploma) pero recibida de albañil, electricista, plomera y diseñadora en “la universidad de la calle”. Ella me enseñó que lo que en mi país se llama D.I.Y. (hágalo usted mismo) acá es una filosofía de vida.
Su primera ley, “vos podés”, es a que más me costaba.
Hasta el 2017 yo era alguien con muchos estudios formales, podía hablarte de literatura española del siglo XIV, o de las últimas teorías de Malcom Gladwell. ¿Pero cambiar un flexible? ¿Armar un alargue? Poquísima cancha.
En Argentina, el ingenio se ve por todas partes. Encontrar soluciones parece ser moneda corriente y acá vivís rodeado de MacGyveres: Desde el obrero que monta su propio andamio con maderas (lo vi) hasta el marketinero que inventó esta campaña viral.
No hay argentino que no sepa arreglar, fabricar, o improvisar una solución inteligente, eficaz, y hasta divertida.
En el diseño industrial, hay una teoría sobre la identidad argentina y es que se caracteriza por el ingenio, palabra que, según la RAE significa “industria, maña y artificio de alguien para conseguir lo que desea”.
No, no voy a romantizar la carencia o escases, lo que digo es que ustedes crearon algo maravilloso de algo feo. Maximizaron el uso del ingenio, desarrollaron tanta capacidad creativa. Y por eso hablan siempre de “la birome, la huella digtal, el dulce de leche” con tanto entusiasmo.
Igual, siendo yo, me costaba convencerme, me resistía al cambio. Vos podés… No, -categórico- no puedo.
Pero si me quería contagiar del espíritu del ingenio, me tenía que tirar al agua…y un día me tiré.
Todo empezó con un arreglo muy básico que hice a un afinador electrónico, cambiando su clip roto por un broche con cinta aisladora; feo pero útil. Después un ventilador, varios pares de lentes (lo que hace la gotita)…hasta llegar a mi obra maestra: un escritorio.
Y no exagero: es un señor escritorio. Yo, que no tengo idea de carpintería, logré fabricar un mueble funcional y lindo por setenta mil pesos.


Sólo hicieron falta algunos consejos de amigos, algún video tutorial, y sobre todo estar contagiado de ese espíritu del hacedor inteligente, de los que inventaron el bypass, el bastón para ciegos, y el separador de pizzas.
Este espíritu y esas ganas, esa maña de conseguir lo que uno desea.
Vos podés. Sí, claro que puedo.
Esta vez te comparto solo temas que me trajeron a Buenos Aires, tal vez sea la lluvia que me tiene nostálgico…
Romance de tango - Atilio Stampone
Barrio sur - Ramiro Gallo
A fuego lento- Quinteto Real
¿Vos que música creés que es Buenos Aires?



